
A su favor hay que decir que demuestran actitudes para alguna de las especializaciones de la carrera. Sobretodo se destacan en Profetizar I, Mal de ojos II y Catástrofes IV; aunque nobleza obliga su porcentaje entre predicciones y cumplimientos de las mismas es muy pobre. Tienen además un alto índice de incomprensión en Historia de la Magia Contemporánea, aunque demuestran actitudes en el rincón de recreación de magia sobre todo cuando se trata de invocar fantasmas del pasado y desligarse de pactos con el diablo para después en sus apariciones (materia obligatoria para los brujos) presentarse pulcros y castos. Quizás lo más preocupante de ellos no sea sus actitudes para la magia negra, o su capacidad de olvidar del pasado solo aquello que quieren olvidar. Lo más llamativo y su verdadero “don” natural radica en ese mensaje que mediante una constancia, lenta, metódica, como una maquina de coser, con la cadencia de un viejo hechizo ancestral nos quieren imponer. Su cántico es como un pequeño mantra que amenaza con envolvernos, ese “don” que nos confunde y que quiere hacer ver que la fuente de todos los problemas es de “Tu sabes quien” o “el innombrable”. Esa bruma que tejen desde sus artes arcanas y oscuras, desde la complicidad de los Medios que utilizan para ello, ese discurso en lengua antigua que quieren instaurar donde poco a poco las palabras creadas desde la oscuridad va comiendo a las que en verdad se dicen, donde se mella la claridad tratando de instalar la espesura de su invocación. Es ahí en ese manto oscuro que hay que tener cuidado. Por ello no hay que creer en sus vaticinios, ni en sus alegorías. Que de ultima los tipos no tienen la culpa de que las Instituciones los acepten, la culpa como siempre es nuestra de los pobres humanos que no creemos en la magia, ni en las brujas pero que las hay las hay y sino presten atención a las escobas que se amontonan a las afueras de los canales.